miércoles, 31 de diciembre de 2014

2014

Hoy es el último día del año. Siempre me gusta acabar las cosas del año o hacer algunas por última vez. Hoy he acabado el último libro del año, "Si no despierto", me ha gustado muchísimo y tengo muchas ganas de ponerme a hacer la reseña. Después de eso decidí escibirle una especie de felicitación a una amiga mía. Le escribí porque estas Navidades no nos hemos visto ni pued hablar con ella, así que le escribí un correo con eso.



Todo esto es algo que la escribí con algunas cosas que nos pasaron, a algunas cosas no las encontraréis sentido. Algo que siempre me gustó decir hoy es "el año que viene", parece tan lejano... pero en realidad son solo unas pocas horas. 

Ya llevo casi un año con este blog desde que "renació" y me sorprende ver lo mucho que ha crecido. Este año además podré apuntarme y crear algún reto que ya tengo en mente... espero que el blog siga creciendo y que yo haga crecer mucho a otros blogs. Por todo ello gracias.

La verdad es que me encanta Nochevieja. No me suelo tomar las uvas enteras porque las campanadas van muy rápido. Luego salimos a la calle... otra pieza más de mis Navidades. Me encanta celebrar las Navidades con todos y sentir que hace frío... no sería capaz de asarme en unas Navidades. Cenar con la familia en Nochebuena, comer en Navidad, patinar...

Sé que he estado ausente, y volveré a escribir en el blog (pero quiero estar un poco más ausente... durante la vacaciones). De todos modos me pasaré por algún blog del que tengo pendientes unas cosas, me apuntaré a unos retos... escribiré un par de entradas y ya. Tengo muchas cosas preparadas, pero ahora me falta el tiempo porque tengo muchas cosas que hacer por estas fechas, pero intentaré hacer algo.

Y así, se acaba la última entrada del año. Un año muy grande que me ha gustado compartir...

¡Feliz Año Nuevo!

martes, 16 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad!

Sé que es algo pronto, pero lo que más me gusta de Navidad es esperar a que llegue. Toda esa emoción acumulada... porque cuando llega se pasa muy rápido...


Tengo muchas cosas que hacer antes de Nochevieja. Estos días no he podido hacer nada y creo que en un par de días igual porque me encuentro muy mal y no puedo hablar... lo que menos me apetece es meterme aquí mirar blogs y escribir... Además me está costando mucho continuar con Alyssa. Tengo las ideas principales pero me falta unirlas (¡¡es lo más frustrante a la hora de escribir!!). A ver si estos días escribo algo. Además tengo una entrada con premios muy, muy atrasados.

Espero que den pronto los resultados del Campamento. ¿Habremos ganado?

miércoles, 10 de diciembre de 2014

10# Mi Rincón

Os dejo unas imágenes que me han gustado mucho. Algunas de ellas son verdaderamente preciosas.




lunes, 8 de diciembre de 2014

Apadrina un Sueño

He visto muchas iniciativas en internet sobre apadrinar blogs. A mi se me ocurrió la idea de no apadrinar un blog, sino un sueño. El sueño de ser una escritora o un escritor. Puede que muchas personas no trabajen su sueño de esa manera, que no quieran llegar a ser escritores de manera profesional, como yo. Quizás solo quieran publicar un libo o ser leídos por internet.

En Latinoamérica hay menos oportunidades que aquí. Pero en España también es difícil conseguir esa oportunidad de ser leídos o se convertirse en escritores. Por eso decidí crear esta iniciativa. Una iniciativa en la que un blog Español y uno Latinoamericano apadrinen sus sueños mutuos. Una iniciativa que conecte a blogs y a personas que compartan un sueño común.


Creo que con esta iniciativa muchas personas podrán descubrir a personas que escriben muy bien, y que nos lean en lugares alejados del mundo. Que haya gente que sepa que blogs poco conocidos, conocidos, grandes o pequeños pueden tener escritores muy buenos y que sean conocidos. Además siempre dos personas pueden llegar a tener amistad conociéndose así.

Soy muy reacia a la publicidad en mi blog. Creo que algo personal no debería llevar publicidad si no quiero (muchas veces pongo enlaces e imágenes a otros blogs porque estoy de acuerdo), por eso esta iniciativa no va a tener publicidad. Tampoco quiero que los sueños vengan cargados de publicidad o de hacer cosas que no quieres hacer (como seguir un blog...). Por eso abrí una ventana en mi blog que se llama "Iniciativas", para no tener los márgenes llenos de publicidad. Quiero que sea una iniciativa libre de publicidad y que se centre en lo de ayudar a cumplir sueños.


Participar:

Lo que hay que hacer es dejar un comentario en esta entrada diciendo que quieres participar, y darme tu correo, si bien no lo quieres hacer público puedes enviarlo a mi correo (lauraheredero00@gmail.com).


Debes decirme si eres español o latinoamericano. Abriré un apartado en la pestaña de iniciativas donde podréis ver los blogs que hay disponibles para emparejar.

Para emparejar dos blogs ambos deben estar de acuerdo en ser compañeros, ya que será un lazo que va ligado a nuestro sueño. Para esto una persona debe hablar con la otra, cuando ambas lo hayan decidido deben enviarme un correo o escribir un comentario diciendo que sí que quieren (cada persona debe escribir un comentario).

Si al cabo de dos meses alguien no ha encontrado una pareja sacaré a esa persona temporalmente de la iniciativa y le volveré a añadir cuando haya elegido un compañero. Para poder participar en la iniciativa debes haber escrito, al menos, dos textos en tu blog. Una persona con más de dos meses de inactividad saldrá temporalmente de la iniciativa.

No es obligatorio poner el banner enlazado a la iniciativa (si alguien quiere he hecho varios para que, quien quiera, ponga el que quiera) ni el de el blog con el que estás. Si alguien quiere se puede poner, si no, no hace falta. No se puede obligar a poner publicidad. Debes seguir a tu compañero de sueño.

Cada cierto tiempo se escribirán entradas sobre los textos, o se pondrán las historias escritas por nuestros compañeros. Intentar que se lean en dos partes del mundo. También se comentará en las historias aunque, no es obligatorio hacerlo siempre.

Si dos personas quieren dejar de apadrinarse (por cualquier razón) me lo deben decir. Entonces podrán elegir otro compañero. Al igual que si quieren irse de la iniciativa, luego podrán volver a participar (si quieren).

  • Se puede participar con Wattpad. En este caso se debe emparejar a dos personas que tengan Wattpad Se debe seguirse mutuamente en la página y (no sé muy bien cómo hacerlo) publicar cosas sobre los textos de la otra persona, al igual que comentar.
  • Si tienes blog y Wattpad puedes dar las dos cuentas y publicar los textos en Wattpad y las entradas sobre los textos en el blog, o como se quiera. En este caso, solo será obligatorio seguir la cuenta en Wattpad y se emparejará con alguien que tenga las dos cosas o que tenga solo Wattpad.
Aquí os dejo algunos de los banners que he hecho, los otros dos están por la entrada:





Espero que la iniciativa sea bien acogida... Ahora, os presento a mi compañera de sueño:


Esta persona es la que me dio la idea de todo y sé que me apoyará en la iniciativa. ¡Muchas gracias! Espero poder compartir pronto sus historias.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Casiopea

Llegados a este punto recuerdo todo lo que existe en Grecia y existió. Mi tortura continúa aunque el dolor es tan constante que ya no le siento. Desde que Perseo regresó de matar a Medusa estoy aquí. él intentó encontrarme, pero estaba en los cielos... no del paraíso, si no de la tortura.

No sé cómo pude sentir el dolor milenios atrás. No sé cómo es que mi corazón late, cómo es que pienso. Cómo es que aún siento amor hacia aquel que intentó rescatarme. Ahora soy aire, polvo, olvido y estrellas.


No culpo a Perseo por no poder encontrarme. Aunque sí me vio, pero no pudo salvarme, porque ahora nadie podría. Ahora soy más grande que la Tierra, que otros planetas y que el sol. Muchos me olvidan, pero me ven cada noche.

Ahora Perseo está más cerca de mí, en el paraíso, pero aún así no puede llegar a mí. Y no les conocimos, no sé cómo puedo estar enamorada de él. Ni si es amor. Pero lo siento, y al fin y al cabo es lo que cuenta. Es lo que perdurará hasta cuando mis estrellas exploten.

Horas Antes de la Muerte

Cuando era pequeña, los padres de aquella pequeña la llevaron ante un oráculo. Este, como siempre, no predijo nada bueno: Atenea la convertiría en un ser despreciado. Sus padres intentaron evitar su contacto con la diosa, pero a la pequeña, era la diosa que más le llamaba.

Pero el destino siempre se cumple, y la joven acabó convertida en Medusa. La joven hermosa acabó siendo un monstruo.

Horas antes de que Perseo apareciera por la cueva donde Medusa pasó casi todos los años de su aparente brillante futuro, apareció la única persona que hablaba con ella, su madre, pero nunca a la cara.

–Mi niña, vienen a matarte. Debes huir.

–No, no. Quiero morir. No quiero seguir viviendo así. El destino de los dioses fe cruel, pero debo afrontar que si no me matan ahora lo acabarán haciendo. No me seguiré escondiendo. Soy un monstruo... lo he aceptado.

Sin darse cuenta se dio la vuelta. Ante sus ojos vio como su madre se convertía en piedra. Se derrumbó: un monstruo puede llegar a tener sentimientos. Puede llegar a tener más sentimientos que un humano.


Se quedó tumbada en el suelo hasta que llegó Perseo. Pensando en que el destino de su madre sería ser piedra. Sin ninguna posibilidad de acabar en el Olimpo, o donde creyesen que acababan los mortales, porque después de conocer a los dioses, no creía que quisieran compartir su preciado Olimpo. Que acabaría destruyéndose y siendo polvo: condenada por el resto de su vida... condenada por su culpa...

Perseo le dio el mismo destino. Aunque Medusa pensó que si moría dejaría su destino atrás, nunca lo pudo comprobar. Lo que ella pensó que sería su muerte, su fin al sufrimiento y a ser una marginada, se convirtió en su inmortalidad. Un final que haría justicia ante tantas estatuas que hizo. No sería feliz.

Y aunque muchos lo ignoran una de las esculturas de Medusa que hay en el mundo, es la verdadera Medusa. Sin otra opción que esperar al fin de los tiempos cuando ya no quedaría nada y podría olvidarse de todo. Ella y el resto de estatuas griegas: las víctimas de un monstruo.

Vida en el Olimpo

Nadie se atrevía a habitar ese lugar. Ni los espíritus, ni los humanos, ni los dioses, ni las ninfas. Era un lugar siniestro y poco seguro. Quién llegaría a pensar que tiempo después llegaría a ser la morada más prestigiosa de la Tierra.

Un cazador pasó la noche al pie de aquella montaña. Al despertar su caballo había desaparecido. Era una de sus más preciadas pertenencias y lo buscó, adentrándose en aquella montaña que tantos temían, sabiendo que podría morir, ya que las historias sobre los viajeros muertos en aquella montaña eran comunes en las noches de luna llena.

Después de varias horas caminando, el cazador empezó a cansarse, a sentir hambre y sed. Pero aquella montaña era solo piedra. Comprendió porque los viajeros morían en ese lugar: la falta de vida acababa con ella también.

Sintiéndose peor tras su descubrimiento se dejó caer. A lo lejos se oyó el caballo perdido. Este había estado perdido entre unas ninfas que le habían encontrado. Le habían conducido a la cima, donde, tras una coz había abierto una grieta de la que manaba agua: el primer símbolo de vida en la montaña. Las ninfas subieron al cazador incosciente en el caballo y lo llevaron hasta allí, donde le reanimaron.


A los pocos días el cazador estaba al pie de la montaña. No se acordaba de nada. No tenía su caballo. Las ninfas otorgaron privilegio a ese caballo convirtiéndole en el primer pegaso que perduraría por siempre en las constelaciones. El primero de muchos. El que con una coz había llenado la montaña de vida.

Y con el paso del tiempo en la montaña también se llenó de otra vida: fauna y flora. Convirtiéndose en la futura morada de dioses, desde la cual se podía observar el mundo.

#9 Mi Rincón

Espero que os guste esta entrada. La primera imagen me gusta mucho. Me hizo recordar a Prim y a Katniss durante toda la trilogía... aunque al final fuese muy triste.






La última.... qué ricos son. Me recuerda a una imagen que puse antes con los magos de las diferentes casas.

Dentro del Laberinto

Seguí el rastro de polvo y las huellas casi inexistentes de pisadas en el barro. Nunca me habían llamado mucho la atención estas historias, pero desde que pude ver esto, no pude dormir hasta que lo averiguase.

No sé qué me pensaba encontrar allí. Seguramente no existiera nada. Pero necesitaba comprobarlo, aunque una parte de mi me decía que era imposible encontrar algo. Siempre quise tener una parte aventurera para utilizarla algún día.


Las paredes se enroscaban y había cruces, pero los que ates habían pasado por aquí habían dibujado líneas en las paredes, polvo de cintas... No me perdería.

Llegué al centro del laberinto, que emanaba una luz anaranjada. Lo que había visto cuando sobrevolaba la isla. El terror me inundó. Se me cayó la linterna. Empecé a sudar. Mi respiración se agitó. Me obligué a estar inmóvil.

Allí, en la cima de una pila de huesos humanos dormía el minotauro. Posiblemente desde la última vez que alguien se acercó a él. Se despertó por mi olor.  Estaba vivo. Y pronto yo no lo estaría. Me sumaría a su pila de huesos y mi alma pasará a ser otra más en un oscuro abismo. Es el precio de todas las aventuras.

sábado, 6 de diciembre de 2014

#6–Alyssa–Will

–Bueno, Alyssa. ¿Estás preparada para conocer el lugar más fantástico del mundo?

Avancé un poco y cerré la puerta. Me senté a su lado. Teníamos que ir ya al campamento. Quirón me dijo que la viniese a buscar y me ha costado encontrarla y que me creyese. Por eso vine a hablar con su madre, para decirla que Alyssa la creería si se lo decía ella, no podíamos tardar más. Tenía los ojos hinchados y expresión preocupada, supo que necesitaba más tiempo para creerse del todo la historia y no llevarla directamente a una aventura que la podía costar la vida. pero debía hacerlo, los monstruos no tardarían en llegar y ella no sabría qué hacer.


–Alyssa, ya no nos queda mucho tiempo. Coge lo imprescindible, porque nos vamos.


–¿A dónde? 


Esperé que su madre ya le hubiese contado más o menos a dónde íbamos porque me iba a costar explicarle todo eso. 


–Al campamento –dije. No pude evitar sonreír, imaginar en lo que pensara cuando llegase al campamento. Pensaría que tiene alucinaciones. Y aún no ha visto a los pegasos–, el lugar donde aprenderás a controlar tus poderes y vivirás próximamente.


Sus ojos miraban a su madre pidiendo ayuda. Creo que no sabe nada del campamento. Se lo explicaría por el camino, teníamos que marcharnos ya.


–Solo una cosa más... –tenía prisa, pero pensé que podría aprovechar estos últimos minutos con su madre antes de irse para siempre– mamá, ¿por qué Deméter confió en ti para cuidarme?


No pude evitar sonreír. Recordé todas las historias que contaban en el campamento y de las que advirtieron a Percy antes de que los dioses le ofrecieran la inmortalidad. Algo que su madre no le contaría.


–Digamos... que yo creía en ella, y ella creyó en que yo podía ser una buena madre.


–Y... –Alyssa no se lo creía, pero no podíamos perder más tiempo en una cosa en la que su madre no le iba a decir la verdad.


–No hay tiempo para preguntas. Cuanto antes salgamos mejor... con suerte llegaremos por la mañana –pensé que sería mejor llegar mientras todos estuvieran desayunando, para que pudiera enseñarla el campamento y que hablásemos con Quirón, sin que el resto de campistas interviniesen–. Las preguntas me las hacer por el camino. Ahora no hay tiempo. Cuanto antes lleguemos, antes te acostumbrarás.


–¿Por qué debería irme contigo? Si tengo que acabar en ese maldito campamento, ¿por qué no ir sola? ¿o con otra persona? ¿por qué debo ir contigo?


Era desconfiada. Yo también lo sería. No me fío de nadie a la ligera. ¿Qué argumento creíble podría darle para que confiase en mí. 


–Alyssa... –contestó mi madre– no encontrarías sola en campamento... no llegarías, saben que estás aquí. Pronto te empezarán a buscar y no llegarías a tiempo...

–Confía en mi. Somos como parientes... creo que somos primos... –hice un esfuerzo por recordar lo que Annabeth me había enseñado sobre los dioses, pero soy nulo para eso– o tú eres mi tía... no me sé muy bien el árbol genealógico de mi familia.

–¿Familia? ¿Pero...

–Como dije antes no hay tiempo para preguntas –esperé no sonar muy brusco. Me empezaba a cansar de que no avanzase. Sé que tendría muchas preguntas en la cabeza, pero ahora no era momento para andar resolviéndolas–. Vamos, corre a recoger lo básico.

Alyssa subió a su habitación. Me quedé con su madre. 

–No se lo digas, deja que lo descubra... –supe a lo que se refería, dejaría que ella sola lo descubriese– no dejes que muera.


Me tensé. No podía hacer eso. Si pudiese evitar que la gente muriese lo haría, hubiese evitado todas las muertes que ocurrieron en el campamento. No podía asegurarle nada. Todas aquellas batallas y misiones... siempre había muerto alguien. Recordó aquella vez que planeó atacar el Campamento romano. Él también era un asesino.


–No puedo asegurarlo... cuando ocurre algo siempre hay alguien muerto, y lo sabes.


–Sí... me gustaría saber que un día volverá, viva y más alegre.


–Hay pocos mestizos que regresan a casa después de descubrir en campamento –hice una pausa. Por un momento el silencio hizo que me incomodase– no se olvidará de ti.


Siguió mirando al suelo. Oí a Alyssa bajando las escaleras.


–Nos tenemos que ir ya...


–Lo sé. ¿Qué será esta vez?


–Espero que no sea algo demasiado difícil, ahora, el campamento está hecho polvo. Nos cuesta recuperarnos.


–Suerte.


Me levanté y fui a la puerta contigua. Me apoyé cansado en el marco. Observé a Alyssa mientras se acercaba. 



–Muy bien... creo que ya estoy.

–¡Estupendo! –dije alegre. Sentí la necesidad de parecer alegre para que no pensase en que se iba y dejaba su vida atrás.

Salimos por la puerta. Me acerqué al carro y acaricié a los pegasos. Alyssa los miró incrédula. Debería acostumbrarse a ver este tipo de cosas a diario. Alyssa empezó a llorar. Se giró y abrazó a su madre. Subía al carro, cogí las riendas y me senté en el suelo. Recordé que le había prometido a Rachel que hablaríamos con Quirón en cuanto llegase. Alyssa puso un pie indecisa en el carro. Se dio la vuelta. Allí su madre la miraba. Acabó de subirse al carro y noté su nerviosismo. Debía distraerla.

–¿Preparada?

–Sí –sabía que no estaba preparada, pero aún así, despegamos. Le falló el equilibrio y se cayó al suelo. Nos alejamos rápido, pero antes de que Irlanda se convirtiese en un minúsculo punto me giré para ver en, aún en la puerta, la sombra de la mujer que había sido años atrás, mirando el mar, imaginando cómo serían las cosas al otro lado.

Alyssa estaba impresionada. Miraba con curiosidad fuera y dentro del carro, en todas las direcciones. Parecía feliz. Yo disfrutaba cada momento sobre el mundo. Cuando volaba era capaz de olvidar hasta las cosas que me hicieron sufrir. Era libre. Y aunque ya lo hubiese hecho millones de veces seguía sintiéndome igual que la primera vez que me monté en uno. 

–Increíble, ¿verdad? –intentar que le gustase esto tanto como a mí. Intentar que descubriese que era una manera para olvidar.

–No lo puedes imaginar... 

Dudo que sepa lo que significa esto para mí, más que lo que es volar por primera vez con unos pegasos tirando de un carro. Cada mestizo ha encontrado una manera de desahogarse cuando recuerda las batallas u otros, su pasado. Creo que es ella la que no puede imaginar lo que significa tener unos momentos de paz durante unos minutos antes de volver a la realidad.

–Y... ¿por dónde quieres empezar? ¿Qué dudas tienes? El viaje será largo y tenemos tiempo para que te organices las ideas.

Me preguntó sobre las Moiras, el campamento, mi padre... Era la primera vez que me tocaba contar a mí esas cosas. No sabía cómo explicarlo, pero lo entendió. O al menos lo justo para que Annabeth pudiese explicárselo luego.

–¿Es verdad que podríamos morir? 

No pude evitar recordar las dos veces anteriores en las que murió mucha gente, pero si quiero que ella confíe en mi debo empezar por ser sincero, en parte. Aún así temí que se echase atrás, que ante la muy posible probabilidad de que muriese volviese a Irlanda.

–No quiero asustarte ahora. Pero puede que sí... Antes deberías saber algo sobre las profecías y las misiones. En el campamento tenemos un oráculo, ella me dijo lo que Deméter le dijo a tu madre: que tú y yo debíamos cumplir una profecía. Pero ella no tuvo ninguna otra revelación, así que supuse que tendría que revelárseme en algún momento. Pero hasta ahora no he tenido nada... ¿Tú? –sentí un peso encima nada más decir eso.

–No. Pero sí que tuve un sueño. Iba a Nueva York volando y luego... estaba en casa. Y no podía moverme y algo habló –me asusté, pude que más que otras veces, pero intenté mantener la calma–. Era una advertencia, no una profecía. Supongo que no tenemos nada.

Ahora, al juntar algunas, piezas esto iba cobrando sentido, pero sería mejor que lo consultase con alguien y no con ella. Pronto tendremos que estar preparados... si es cierto lo que creí, puede que ninguno de nosotros salga con vida. Y espero que lo que estoy intentando hacer no nos mate a los dos. De momento, mejor es creer que no tenemos una profecía, porque en cierto sentido es así. Intentar averiguar algo más. Sin embargo, sentí arena deslizándose por las manos, el tiempo se me escapaba, y no sabía cuánto me quedaba.

–Entonces partimos de creo y con poca ventaja... no sabemos cuánto tiempo van a tardar las profecías. Pero sabemos que va a suceder algo y puede que sea grave... Lo mejor es prepararnos e intentar que cuando tengamos la profecía estemos listos.

–Listos, ¿para qué?

–Pistas que nos digan a qué nos enfrentamos o qué va a ocurrir o alguna manera de solucionarlo. La mayor parte de las profecías conllevan algo malo. Seguro que tu advertencia no fue una en la que te dijeran que iba a mejorar el mundo, ¿verdad? Si era una advertencia, si era una advertencia para un semidiós, no puede significar nada bueno. Habrá que hacer algo: luchar o buscar a los dioses.

Me preguntó sobre los titanes y gigantes... Me puse serio por unos momentos, no me estaba olvidando de lo que nos había pasado, como me prometí. Puede que cosas así no se olviden tan fácilmente. Puede que... puede que sea tan parte de mí que no pueda olvidarme de ello nunca.

Aunque la luz del sol se iba, no me costaba mucho más ver por donde íbamos, aunque todo era mar. Ahora en el campamento estaría amaneciendo. Llegaríamos para cuando todo estuviese desierto. No quería que se enterasen de la llegada de Alyssa sin hablar con Quirón y sin poder hacer algo de las profecías.

–¿Qué puedo hacer para que aparezca la profecía? –parecía triste. Su pelo le tapaba gran parte de la cara y estaba medio salida del carro, mirando el mar.

–Salen solas, o mediante un sueño, o las predice el oráculo –me costaba explicarle esto porque no había tenido ninguna ni sabía gran cosa–. A veces al tocar algo o ir a ciertos lugares tienes una visión en la que alguien te dice la profecía. El caso es que una parte la tendré yo y otra tú. Tarde o temprano los demás sabrán que va a pasar algo malo, pero por el momento Quirón se ocupa de guardar estas cosas en secreto, para no asustar a la gente. Aunque hay mestizos dispuestos a luchar (como la cabaña de Ares entera), hay otros que no se han recuperado de la lucha de los gigantes, yo entre ellos –lo dije rápido, intentando que pasase lo antes posible, aunque sabía que no iba a entender gran cosa–. Y tampoco es que quieran que les vuelvan a decir "¡Enhorabuena! Acabáis de salvar el mundo. ¿Sabéis qué? Va a haber otro Apocalipsis". Aunque Quirón sabe más de lo que nos ha contado a Rachel y a mí. Pero él es así, quiere que el destino lo descubramos solos y no intentemos adelantarlo o evitarlo. Solo lo sabemos nosotros cuatro, y de momento no lo sabrá nadie más hasta que sepamos bien lo que hacer o hasta que sea tan evidente que tengamos que confesar. De momento, prepararnos, buscar señales y esperar a la profecía.

Seguí triste. Se sentó en el duelo de la parte de atrás y se agarró las piernas. Me recordaba a Nico... ahora pensaría que me había escapado y estaría preocupado. No le había dicho nada.

Pronto empezó a aumentar la luz. Aunque para mí era pronto, para otros puede que hubiesen pasado horas, como así era. Luego vi la costa de Nueva York y sus islas. Alyssa se levantó y se puso a mi lado.


–Creo que ya has estado antes por aquí... –en los ojos aparecían destellos... aunque no íbamos donde ella creía exactamente.

Cuando estuvimos casi encima del campamento empecé a descender. Alyssa mostró una mueca de terror. Creí que aún le afectaba la Niebla. 

–¡Will! ¡No aterrices aquí! ¡Nos vas a matar! ¡WILL! ¡Por favor Will!

Seguimos acercándonos a una pequeña parte de Long Island con un bosque y cabañas, aunque ahora solo se veían como pequeños puntitos formando la letra Omega. La Casa Grande,. El anfiteatro...

–¡Will!

Pero entonces aterrizamos y su expresión pasó de terror a incredulidad. Miró a su alrededor. Estaba en el campamento. Sonreí, no pude evitarlo. No le salían las palabras, que mejor momento para darle una buena bienvenida que puede que no recuerde, aunque sea difícil lvidar estos momentos.

–¡Bienvenida al Campamento mestizo!

jueves, 4 de diciembre de 2014

#8 Mi Rincón

Esta selección de imágenes me encanta. Simplemente las vi y supe que deberían estar aquí. Mientras tanto yo continúo con mi enganche a Harry Potter. La primera es un spoiler de Harry Potter.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

#5–Alyssa

La sensación de volar así era nueva para mí. Nos movíamos deprisa, pero aún podía distinguir la figura de mi madre en la puerta, mi casa, los acantilados, la ciudad... y pronto la isla entera. La luz del sol me daba de frente y por eso solo podía mirar hacia atrás, hacia mi hogar. Pronto ya no veía nada. La isla se convertía en un pequeño punto que se quedaba más y más lejos cada vez, hasta que ya no se veía. Estábamos rodeados por el océano. Allí me quedé impresionada. Se me fueron todas las preguntas. El aire me daba en la cara y me sentía... libre. Libre de toda la presión de ocultarme. Me asomé por la parte delantera del carro. Dios mío, a qué altura estábamos. El mar abajo se veía como una alfombra con pequeñas olas. Impresionante. Ya no tenía miedo a caerme. Ni a lo que me esperase allí. Sabía, tenía el presentimiento, de que las cosas iban a cambiar, y para mejor. Y la primera persona que iba a cambiar mi vida era él, Will. Me iba a llevar a una nueva casa, donde hay gente como yo, gente que hace lo mismo que yo y que puede ayudarme, un sitio en el que están mis hermanos, un sitio en el que se supone que debo hacer algo importante.

Sentí una punzada de dolor al comprobar que no había tardado mucho en olvidarme de mi madre, que seguiría esperando en la puerta con la mirada perdida. Recapacité por unos instantes el hecho de volver algún día, de cumplir esa falsa promesa. Procuré no pensar en eso durante el viaje si no quería estar triste durante todo el.

–Increíble, ¿verdad? –dijo Will. Miraba a todos los lados como si fuese la primera vez que montaba en esto. Parecía como si cualquier cosa que hiciera o dijese, siempre la hiciera con una sonrisa.

–No lo puedes imaginar...

–Y... ¿por dónde quieres empezar? ¿Qué dudas tienes? El viaje será largo y tenemos tiempo para que te organices las ideas.

Con toda la emoción de lo que estaba haciendo se me había olvidado que antes de salir tenía muchas cosas que preguntar. Intenté recordarlas y centrarme. Aún no sabía nada del sitio al que íbamos. Recordé algunas cosas como mi duda sobre las Moiras. Decidí preguntar eso primero para ir sacándome todas las dudas de encima.

–Mi madre mencionó que Deméter quería que cumpliese el destino de las Moiras.

–Mmm, quiero que sepas que nuestro mundo tiene más influencia de la mitología griega que lo imaginas. Las Moiras existen. Tejen los hilos de nuestra vida y los rompen cuando deben romperlos. Todo lo que pasa o pasará lo saben y lo manejan.

Lo asimilé todo un momento. Otra cosa más que sabía. Ahora quería saber lo del campamento, la profecía, lo que le sucedió a mi madre para que una diosa confiase en ella y lo que debía de cumplir.

–Vale... Vamos al campamento ¿no? Mi madre me lo ha dicho muchas veces, pero, en realidad no sé qué es? Apuesto a que tú vienes de allí.

–Sí, yo vengo del campamento. Allí aprendemos a controlar nuestros poderes y nos escondemos de los monstruos. Yo también soy un semidiós.

–Bueno, eso ya me lo imaginaba. Entonces allí, somos todos familia ¿no?

–Más o menos. Somos familia, pero la mayor parte del tiempo ignoramos que todos seamos una familia. Ehh... solo contamos que somos familia por ser hijo de un mismo padre o madre divino.

Confuso, pero con el tiempo lo iría asimilando.

–¿Quién es tu padre o madre divino? –pregunté. La curiosidad podía con migo.

–Apolo... –como no debí imaginármelo. Will era rubio con ojos azules y encima había venido vestido de dorado. Creo que es una buena representación de su padre –. Aunque creo que eso no importa ahora. Tenemos que hablar sobre la profecía.

–¿Es verdad que podríamos morir? –le corto. Su cara muestra una expresión de disgusto.

–No quiero asustarte ahora. Pero puede que sí... Antes deberías saber algo sobre las profecías y las misiones. En el campamento tenemos un oráculo, ella me dijo lo que Deméter le dijo a tu madre: que tú y yo debíamos cumplir una profecía. Pero ella no tuvo ninguna otra revelación, así que supuse que tendría que revelárseme en algún momento. Pero hasta ahora no he tenido nada... ¿Tú?

–No. Pero sí que tuve un sueño. Iba a Nueva York volando y luego... estaba en casa. Y no podía moverme y algo habló. Era una advertencia, no una profecía. Supongo que no tenemos nada.

Se quedó pensativo unos minutos. Su cara se contrajo en una mueca rara. La desesperación le asfixiaba, pero como era hijo de Apolo no dejaría que se le notase.

–Entonces partimos de creo y con poca ventaja... no sabemos cuánto tiempo van a tardar las profecías. Pero sabemos que va a suceder algo y puede que sea grave... Lo mejor es prepararnos e intentar que cuando tengamos la profecía estemos listos.

–Listos, ¿para qué?

–Pistas que nos digan a qué nos enfrentamos o qué va a ocurrir o alguna manera de solucionarlo. La mayor parte de las profecías conllevan algo malo. Seguro que tu advertencia no fue una en la que te dijeran que iba a mejorar el mundo, ¿verdad? Si era una advertencia, si era una advertencia para un semidiós, no puede significar nada bueno. Habrá que hacer algo: luchar o buscar a los dioses –de repente se puso serio, supe que nunca conocería bien del todo a Will.

Me quedé pensativa. Recordé la advertencia y lo que dijo mi madre: "No creo que sea una profecía. Es lo que ha dicho, una advertencia. Puede que no la hayas tenido aún, o que sea más complicado de lo que crees". Me daba que iba a ser algo mucho más complicado de lo que creía Will. 

–¿Por qué mi madre mencionó sobre titanes o gigantes? –pregunté recordando esa parte de la conversación que me había dejado desconcertada. Ahora sabía que existían los dioses, pero no me imaginaba que seres tan grandes y extraños pudieras habitar aquí.


–Pasaron cosas. Luchamos contra ellos, también los dioses. Continuamente: sueños, profecías, misiones y batallas. Ha muerto gente del campamento –otro momento de seriedad.


Me pregunté si el campamento era un lugar tan seguro como afirmaban... Si estaría allí más protegida o si podrían atacarnos. 


Pasé una buena parte del viaje mirando hacia el mar que se extendía bajo nosotros, infinito. No podía saber hacia dónde nos dirigíamos. Entonces tuve una revelación. Mi sueño, en él volaba sobre el mar, como ahora. ¿Y si esto también es n sueño? ¿Y si no me he ido de Irlanda? ¿Y si no era una semidiosa? Consideré esa opción. Solo un segundo. Volver a estar con mi madre y quedarme junto a ella. Pero aún así, tendría mis poderes y no podría hace nada con ellos, no sabría que hacer con mi vida, ahora tampoco, pero, al menos, sabría qué hacer con ella cuando estuviese en el campamento. No cambiaría ni un instante de mi vida, por terribles consecuencias que tuviera o por horrible que fuera. Es mejor hacer lo que has hecho, saber que las cosas continúan y siempre cobran sentido... que el dolor de un momento se verá compensado por un momento de felicidad, que mi vida seguirá igual y, aunque me cueste reconocerlo, perfecta tal y como es. Puede que por eso no me guste soñar, porque vivo otra vida, la hago y luego se esfuma. Todo estará en mi memoria y tendré que empezar de cero.

La luz del sol se había ido hacía rato, y la ausencia de luz y de ruido me incomodaba.

–¿Qué puedo hacer para que aparezca la profecía? –Con la reflexión anterior había descubierto que era mejor empezar a construir un momento difícil en mi vida, resolverlo (si es que no muero en el intento) y construir uno más feliz en el campamento o junto a mi madre.

–Salen solas, o mediante un sueño, o las predice el oráculo. A veces al tocar algo o ir a ciertos lugares tienes una visión en la que alguien te dice la profecía. El caso es que una parte la tendré yo y otra tú. Tarde o temprano los demás sabrán que va a pasar algo malo, pero por el momento Quirón se ocupa de guardar estas cosas en secreto, para no asustar a la gente. Aunque hay mestizos dispuestos a luchar (como la cabaña de Ares entera), hay otros que no se han recuperado de la lucha de los gigantes, entre ellos. Y tampoco es que quieran que les vuelvan a decir "¡Enhorabuena! Acabáis de salvar el mundo. ¿Sabéis qué? Va a haber otro Apocalipsis". Aunque Quirón sabe más de lo que nos ha contado a Rachel y a mí. Pero él es así, quiere que el destino lo descubramos solos y no intentemos adelantarlo o evitarlo. Solo lo sabemos nosotros cuatro, y de momento no lo sabrá nadie más hasta que sepamos bien lo que hacer o hasta que sea tan evidente que tengamos que confesar. De momento, prepararnos, buscar señales y esperar a la profecía.

Me acababa de liar por completo. Nombres y más nombres. Había entendido muchas cosas, pero me despistaba mucho con los nombres y con las cabañas. Supongo que será donde viven los hijos de un dios. 

Me senté en el suelo del carro, de manera que solo veía el cielo. Estaba cansada. Por fin mi cuerpo había decidido negarse a seguir de pie y derrumbarse tras todo el día de tensión. ¿Cuánto quedaría para llegar al campamento? ¿Dónde estaría? ¿Cómo sería? Decidí no dormirme. Así estaría atenta para ver cuándo llegábamos.

Tras mucho rato en silencio una luz matutina empezó a aparecer. Y cada vez se veía más el horizonte. Will me hizo señas para que me levantase y me asomé por el borde del carro. Debajo de nosotros el mar estaba salpicado de islas y más allá, la bruma del horizonte dejaba de existir, mostrando siluetas confusas y borrosas, aún lejanas. El corazón se me encogió, era como mi sueño. Me aseguré de que el aire me pegase un bofetón para asegurarme de que estaba despierta. Lo estaba. Estaba volviendo a Nueva York... esta vez de verdad.



Había edificios altos se veía el Empire State. Las islas pequeñas de abajo salpicadas de bosques contrastaban mucho con la ciudad de fondo. El carro descendió. Estábamos más cerca del suelo. ¿El campamento estaba en Nueva York? Quizá podría acercarme a recoger las cosas que no me llevé del sueño. Quizá podría volver a encontrar a mi amiga. A ir por Central Park...

–Creo que ya has estado antes por aquí... –la luz de la mañana había aparecido y sonreía más que antes.

No contesté, seguía impresionada. Sonreía feliz por estar aquí. Cada vez íbamos más despacio. Cada vez estaba más ilusionada. Pensé en todas las cosas que me gustaría hacer ahora que estaba aquí. Seguía mirando abajo al mar y a las islas. A los rascacielos que cada vez estaban más cerca. Cuando creía que mi viaje iba a seguir descendimos hasta un lugar cerca de una isla, en el que solo había agua.

–¡Will! ¡No aterrices aquí! –estaba desesperada, no me contestaba. Por un momento temí que hubiese hecho mal en confiar en él. Parecía seguro de lo que hacía: ¿sería capaz un hijo de Apolo a suicidarse? Le seguí gritando que no bajase ahí, que nos iba a matar. Pero parecía que no me oía, que mis palabras no existían. ¿Sería posible que muriese nada más salir de casa? Con eso no había contado, no pensé en morir nada más comenzase mi nueva vida–. ¡Por favor Will!

Veía el mar acercarse más y más. Cada vez estaba más desesperada, a pesar de mis gritos Will ni se inmutaba. Moriría ahogada. Quedaban pocos metros para que nos hundiésemos. Seguí viendo el mar acercarse. Y antes de hundirme, el paisaje cambió. No estábamos hundiéndonos en el agua, estábamos en medio de un campo. A lo lejos pude distinguir unas casitas y, más lejos una más grande y azul. El mar rodeaba casi todo este lugar, menos en un lado en el que se distinguía un bosque y arriba en una colina continuaba. Antes había sido solo agua. Miré a Will desconcertada. Él seguía con su sonrisa en la cara.

–¡Bienvenida al Campamento mestizo!

martes, 2 de diciembre de 2014

#4 Alyssa

–Will... –susurró mi madre.

–Bueno, Alyssa, ¿preparada para conocer el lugar más fantástico de todo el mundo?

Will entró en la sala y cerró la puerta tras él. Se sentó en una de las sillas de la mesa en la que estábamos sentadas mi madre y yo.

–Alyssa, ya no nos queda mucho tiempo. Coge lo imprescindible, porque nos vamos.

–¿A dónde? –la respuesta era obia: al campamento. Pero seguía sin saber nada de aquel lugar. Ni dónde estaba ni, al fin y al cabo, qué se hacía allí. La única parte buena es que allí estarían mis hermanos.

–Al campamento –dijo Will con una sonrisa en la cara– el lugar donde aprenderás a controlar tus poderes y vivirás próximamente.

No quería dejar mi casa en Irlanda, y menos a mi madre. No sabía cuánto tiempo iba a estar fuera. Ni a qué parte del mundo (o de fuera de este mundo iría). Lo único que tenía claro es que me iba. Me sentía como si estuviese dividida: mi corazón me obligaba a quedarme aquí, pero mi cabeza me decía que era mejor marcharme, aprender sobre mis poderes y conocer a mi familia, y volver cuando fuese necesario, pero que debía marcharme, cuanto antes mejor. Y como todas las veces, la cabeza siempre es la que gana.

–Solo una cosa más... mamá, ¿por qué Deméter confió en ti para cuidarme?

Mi madre se tensó. Will esbozó una sonrisa más grande que la anterior. Todos lo sabían menos yo.

–Digamos... que yo creía en ella, y ella creyó en que yo podía ser una buena madre.

Digamos... digamos... no es la verdad, o no del todo. Me molesta que hoy, después de tantas revelaciones, me oculte esto. Algo que es más importante que todo lo anterior. Aunque pensé que no tardaría mucho en averiguarlo, si Will lo sabía.

Me paré a pensar un momento. ¿Desde cuándo me iba a ir con un completo desconocido a un lugar que no sé dónde está? Puede que mi madre confíe en él, y que él me hable como si fuésemos amigos de toda la vida... pero yo no sabía quién era realmente.

–Y... –me apresuré a preguntar.

–No hay tiempo para preguntas. Cuanto antes salgamos mejor... con suerte llegaremos por la mañana. Las preguntas me las hacer por el camino. Ahora no hay tiempo. Cuanto antes lleguemos, antes te acostumbrarás.

–¿Por qué debería irme contigo? –solté–. Si tengo que acabar en ese maldito campamento, ¿por qué no ir sola? ¿o con otra persona? ¿por qué debo ir contigo?

–Alyssa... –contestó mi madre– no encontrarías sola en campamento... no llegarías, saben que estás aquí. Pronto te empezarán a buscar y no llegarías a tiempo...

Otra vez me desquiciaba el hecho de que mi madre supiese tanto. Por mucho que Deméter la repitiese lo que hoy me tenía que decir, siento que sabe más. Lo sé. Y no lo quiere compartir.

–Confía en mi –dijo Will–. Somos como parientes... creo que somos primos... o tú eres mi tía... no me sé muy bien el árbol genealógico de mi familia.

–¿Familia? ¿Pero...

–Como dije antes no hay tiempo para preguntas. Vamos, corre a recoger lo básico.

Estaba desconcertada. ¿Era parte de mi familia? ¿Will? Aún no confiaba demasiado en él, pero me vi obligada a ceder. A irme al campamento. Aunque no sabía mucho más. Esperaba que el viaje diese de sí para tantas preguntas, porque en mi cabeza se estaba formando un nudo muy grande.

Subí a mi habitación y cogí una mochila pequeña. ¿Qué es para mí lo básico? Abrí el armario y recogí unas cuantas cosas. Me cambié los zapatos. Me acerqué a mi mesilla donde tenía una caja con recuerdos de Nueva York: una postal, una flor prensada de Central Park, unas fotos de mi madre y yo en nuestra antigua casa y una pulsera de la amistad, la que hice con mi amiga, esa amiga a la que echaba tanto de menos. La metí en la mochila.

Pasé la mano por encima de la cómoda, como hice en  la casa de Nueva York. Presentí que no pasaría por aquí durante mucho tiempo. Ya tenía todo lo que necesitaba, pero echaría de menos esta casa, a mi madre y a Irlanda. Me senté una última vez en la cama. Cerré los ojos y me tumbé sobre la cama. Inspiraba y expiraba. Pensé en mi futuro. Algo borroso todavía: en algún lugar del campamento. Al menos ya no tenía que molestarme por lo de esta mañana. Y encontraría más respuestas. Y conseguiría controlar mis poderes. Dejaría de tenerles miedo.

Me levanté y me acerqué a la ventana. Seguía escrito "Mestiza" en ella. Ví cómo las gotas de lluvia caían sobre la hierba de los campos sobre un fondo oscuro. Exhalé un último suspiro. No volvería por aquí... Tenía un futuro lleno de posibilidades que siempre quise y me intentaba aferrar al pasado. Seguí con el dedo las gotas que se deslizaban sobre el cristal hasta que me decidí a bajar. Despacio. Como si quisiera llevarme todos los olores y recuerdos de aquí; cono quise hacer cuando nos fuimos de Nueva York. Una vez abajo fui al salón, evitando que Will y mi madre me vieran desde la cocina. Allí me senté sobre el sofá que apareció en el sueño. La chimenea estaba apagada, el espejo sobre el brazo del sillón. Lo agarré y miré lo que había al fondo de la sala. Fugazmente vi la silueta encapuchada de mi sueño. Rápidamente me giré. La respiración se me aceleró. Solo habían sido imaginaciones mías. Intenté calmarme. Me levanté y observé la habitación. El salón. Acogedor y tranquilo. Muebles de madera oscura, estanterías y una mesa redonda en una de las esquinas. Plantas por cualquier sitio y cortinas tapando los ventanales. La descorrí y dejé que entrase poca de aquella luz que había fuera.


–Adiós... –susurré entre lágrimas. Ya era hora de irme. No podía retrasarlo más. 

Will entró en el salón y se apoyó sobre el marco de la puerta. Estaba impaciente. Había sido muy pesada y me estaba retrasando mucho. Su mirada decía todo. Estaba cansado. Salí de la sala y me planté delante de Will.

–Muy bien... creo que ya estoy.

–¡Estupendo! –me sorprende la energía que tiene para decir las cosas, cuando, evidentemente, estaba muy cansado.

Los tres salimos por la puerta que estaba en la cocina, enfrente de las escaleras. Fuera había dejado de llover y unos rayos de sol naranjas se filtraban entre las nubes grises. El último atardecer que viviría en Irlanda. 

Atravesamos el jardín hasta que llegamos al camino. Estaba todo desierto, es lo que tiene vivir en la parte más lejana de la ciudad. En frente, sobre la hierba que continuaba ininterrumpida hasta los acantilados pude ver la cosa más bonita de toda mi vida, y también la más increíble. Un carro griego tirado por pegasos. Nunca me han gustado mucho los animales, pero esos eran diferentes, casi parecía que brillaban. Sentí la tentación de acariciarlos. Detrás de mí, aún en el umbral estaba mi madre, cansada, con la vista mirando el sol del atardecer. No le impresionaban los pegasos. Corrí a la puerta y la abracé. Las lágrimas surcaban mi cara. Era un adiós, que podía ser para siempre. Quise alargar este momento toda mi vida, pero sabía que Will estaba detrás. 

–Adiós, adiós mi niña –mi madre también lloraba, porque sabía que podía no volver nunca. Sabía que llegaría este día, y lo había asimilado, al igual que yo asimilé esto en menos tiempo. Pero resulta duro despedirse.

–Mamá, volveré. Te lo prometo –aún así, ella y yo sabíamos que no lo decía de verdad. Que lo decía para que me esperase teniendo esperanzas. Pero ni siquiera yo podía asegurar que volvería, y que esa esperanza permanecería en mi madre por siempre. Que la haría daño al ver que no volvía.

–Te quiero –dijo mi madre. Lloré más fuerte. Me iba de su vida y la dejaba sola. No tenía a nadie más en su vida. Ni siquiera a sus padres.

Nos separamos y avancé hacia el carro. Estaba triste, pero ya no lloraba, los restos de lágrimas brillaban sobre mi cara. Will ya estaba sobre el carro con las riendas cogidas. Puse un pie vacilante sobre el carro. No sabía si me sostendría bien. Miré una última vez atrás. Mi madre seguía allí, pero esta vez me miraba. Subí del todo al carro y me puse al lado de Will. Me obligué a respirar. Estaba nerviosa. La piernas me temblaban y sentía un cosquilleo en el estómago. Se me juntaron muchas emociones: tristeza, nerviosismo, alegría, esperanza y añoranza. No me molesté en mirar otra vez a mi madre. Sabía que seguía allí y que se quedaría allí hasta después de que no se nos viese en el horizonte. Respiré hondo. Will notó mi nerviosismo.

–¿Preparada? –dijo con una sonrisa.

Era una pregunta malísima. Ambos sabíamos que no estaba preparada. Sin embargo me obligué a ser valiente.

–Sí.

Y entonces el carro se elevó. Los pegasos empezron a volar. Me caí. Y cuando me levanté nos alejábamos de Irlanda.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Olimpo

Los dioses que siempre estuvieron aquí para ayudarnos. Siempre hacían nuestra vida más sencilla. Teníamos pocas complicaciones. Los cultivos crecían sin problemas, las lluvias no afectaban nuestras ciudades y no teníamos periodos de escasez o de hambre.

Recuerdo el día que se retiraron al Olimpo. Se marcharon cansados y enfadados. Después de la idea de que no los necesitábamos. De que si éramos capaces de construir, viajar y sobrevivir a los peligros, ¿por qué íbamos a necesitarlos? ¿Por qué nos tenían que ayudar? Pronto, todo el mundo, tuvo ese mismo razonamiento. Se creían invencibles, mejores que un dios. Subestimaron el poder de los dioses. Decidieron que ya no eran importantes, que no eran especiales. Y el orgullo de un dios se hiere fácilmente. Se marcharon de un día para otro, sin avisar.


Empezamos con renovadas energía, de poder valernos por nosotros mismos, por demostrarles que se equivocaban. Pero después empezamos a sobrevivir para llegar al final de cada día. A pasar hambre. A sufrir enfermedades. A destrozar nuestra vida y sueños. Nos creímos invencibles cuando no lo éramos, y pagaremos las consecuencias.

Allí arriba están los dioses. Observándonos todos los días. Viendo nuestro sufrimiento. Regocijándose de nosotros. Sabíamos esto y construimos templos. Para pedirles que volviesen. Para que nos volviesen a ayudar. Pero yo sé que no volverán a bajar. Que no volverán a dejar que los mortales les humillen. Que no volverán a trabajar. Que nos harán la vida imposible todo lo que puedan. Aún así, siempre hay pequeños mortales que son ayudados por estos. Ojalá yo sea uno de ellos...

domingo, 30 de noviembre de 2014

#7 Mi rincón

Espero que os gusten las imágenes que os traigo. No sé pero últimamente me ha dado con Harry Potter.




sábado, 29 de noviembre de 2014

Cazadoras de Artemisa

Una mañana fría de invierno, Artemisa iba de caza por los valles perdidos de una montaña. Sigilosa e invisible, siguiendo el rastro de sus presas: olvidar el Olimpo y cazar.
Flechas volando. Blancos cayendo. Silencio. Silencio que se rompió en el instante en el que un grito de dolor desgarró el valle.

Más sigilosa aún se acercó al punto del que procedía el grito. Una de sus presas. Un joven con una flecha clavada en el costado.

Culpable por lo ocurrido, la diosa llevó al joven a una cueva cercana donde curó sus heridas mientras él se removía y gemía de dolor.

El joven, inconsciente intentaba dormir. Artemisa decidió guardar el sueño del joven mientras estuviese inconsciente. Pero el destino jugó una carta importante. La vida de la diosa atravesó la mente del joven y la del joven atrapó la de la diosa. Ambos crearon un mundo diferente y alejado en el que se conocían sustituyendo en la memoria la flecha clavada en el costado del joven y la cueva. 


Ninguno consiguió recordar la razón por la que estaban allí y, al levantarse se encontraron cara con cara. Un beso fugaz y una huida. Ambos habían caído en las garras de Afrodita, que pensó que sería el día más feliz de sus vidas. Pero ningún mortal debe permanecer por siempre al lado de una diosa, o si no, el final de esta historia hubiese sido feliz.

El joven recordaba a Artemisa. Sabía que debía encontrarla, y la buscó por Grecia entera. Artemisa había tardado años en conseguir que los dioses le ofrecieran la inmortalidad a su amado. Los falsos recuerdos de aquel día seguían grabados en su memoria.

Artemisa encontró al joven. Bailando en una fiesta con otra mujer. Habría sido como mirarse al espejo. La furia se encendió en su corazón quemando cualquier rastro de amor por el joven que pudiese quedar, porque ahora le pertenecía a otra persona.

Artemisa descubrió que los mortales pueden llegar a herir los corazones de los dioses y que nadie debía sufrir eso. Que no volvería a verse tentada por Afrodita. Que el amor eran cuentos que acababan en desgracia. Y proclamó que sería doncella de por vida: alejada de las vidas mortales y de las de aquellos dioses a los que, aún hoy, les son indiferentes los corazones.

martes, 25 de noviembre de 2014

#3 Alyssa

Mi madre me miró en silencio durante unos instantes. Ordenando sus ideas. Sabía lo que tenía que decirme pero no sabía cómo. Parecía como si se llevase esperando la pregunta mucho tiempo. Decidí sentarme, y, entonces empezó a hablar.

—No sé muy bien cómo contarte esto —su voz sonaba como siempre, no temblaba, no tenía miedo de decirme esto; no se echó a llorar: había asimilado que este día llegaría— creo que hoy tienes que enterarte de muchas cosas... ¿te ha ocurrido algo raro últimamente?

Durante todo el tiempo que he estado en Irlanda he intentado mantener a mi madre alejada de todo lo que me pasaba. Evitar que ella sufriese más por mi, evitar que tuviese más cosas de las que ocuparse. Pero en ese momento supe que tenía que compartir esas cosas, porque si no, no ayudaría a saber cosas sobre mi.

—En el instituto no suele ocurrir nada extraño. De vez en cuando hago que alguna planta crezca mucho y que cubra las paredes... pero nadie me suele pensar que soy yo, no creen que esas cosas puedan pasar, pero hoy —hago una pausa larga, intentando descifrar lo que pensaba, sin embargo parece como si se lo esperase, como si se hubiese enterado de todo por mucho que intenté guardar las distancias con ese tema—, hoy ha pasado algo más grave. Han estallado unas macetas en clase y... y ha venido alguien a verme... vino volando y me dijo que no era humana. Creí que era una broma, pero ahora no me lo parece... se llamaba Will...

—Will... —susurró mi madre–. Cariño, puede que esto te cueste asimilarlo. Pero deberás hacerlo rápido. No te queda mucho tiempo para lamentarte. Aunque puede que te enfades con migo. Yo solo he buscado los momentos que creí adecuados para decírtelo –hablaba segura y sin vacilar, no quería decirme las cosas delicadamente para que no sufriera, pero no había tiempo.

–Espera. Hay más. Hoy he tenido un sueño. Parecía real. Estaba en casa y luego... luego aquí. Y había alguien que dijo algo sobre una tormenta... una advertencia para que me alejase y pudiese vivir... era muy confuso.

–Ha comenzado... Alyssa tenemos poco tiempo para contarte esto –parecía que había encajado la última pieza del puzzle, uno que trataba sobre mi y que ni siquiera he empezado a resolver–. Will tenía razón, no eres humana.

–Mamá, no lo entiendo –me costaba asimilarlo, era como cualquier otra persona por fuera y supuse que por dentro también; ya me lo habían dicho, pero viniendo de mi madre supe que iba en serio–. ¿Qué soy?

Otra vez esa pregunta. Me había dispuesto a averiguarlo costase lo que costase.

–Puede que te cueste asimilarlo. Eres una mestiza –mi corazón se encogió; esa palabra... recordé mi ventana. Aún no sabía lo que significaba. Aún no sabía lo que era. Pero había dado un paso–, una semidiosa. Eres hija de un mortal y un dios.

Mi cabeza se puso a trabajar. Mi padre... mi padre era mi padre y mi madre una diosa. ¿Entonces qué hacía con la persona a la que creí mi madre? Pensé en mis poderes. Creo que lo entendí mucho mejor. Una de las clases que me habían atraído era la mitología, mitología griega, puede que fuera eso: hija de una diosa griega. Ahora no me pregunto si todo eso es real. Por mucho que digan que la magia no exista, tengo poderes, creerme que los dioses existen no es muy difícil.

–Por eso tienes tus poderes. –Recordé algo de las clases de mitología. Los dioses controlan cosas: Zeus el rayo, Poseidón el mar. Quizá sus hijos heredan sus poderes. ¿Quién sería mi madre? Algo relacionado con plantas–. Tu madre es la diosa de la agricultura... puede que lo entiendas mejor si te digo que básicamente es la diosa de la naturaleza: Démeter.

–¿Démeter?

–Sí. Tu madre es ella.

–¿Y por qué no estoy con ella? ¿Por qué no está aquí siendo mi madre? ¿Por qué estoy contigo?

Por un momento temí que la pregunta la afectara. Pero no pareció inmutarla.


–¿Por qué? ¿Por qué? Se supone que soy su hija. Se supone que una madre tiene que estar con su hija. No abandonarla. No debería irse –dije con furia. Seguí despotricando. ¿Por qué una madre abandona a su hija? ¿Qué clase de madre hace eso? Ah... sí... una diosa. Se creen intocables. Estaba furiosa. Muy furiosa.

–¿Y tus hermanos? Ellos puede que piensen lo mismo: ¿por qué su madre les abandonó?

–¿Her... hermanos? –su revelación me había sorprendido, de todas las cosas que pensé que iba a descubrir hoy, esta era una de las únicas que no había pensado– ¿Quiénes son? ¿Por qué no los conozco?

Durante todo este tiempo pensé que estaba sola. Sola con mi madre. Nunca había pensado en otros familiares. Nunca me hablaron de abuelos o tíos. Y mucho menos de hermanos. Ahora quería encontrarlos.

–Son hijos de Demetér también. Hijos de otros padres. Ahora... ahora están en un lugar en el que te reunirás pronto con ellos. A ellos Deméter también los abandonó.

–Dioses... –susurré.

–Sí, dioses. Abandonan a sus mestizos. Es complicado, pero nunca te crías con ellos. Sn tus padres, pero permanecen tan distantes que es como si no existieran. No se les llega a entender muy bien. Pero sus normas son estrictas.

–¿Y tú? –solté casi sin pensar– Papá murió y mi madre es Démeter. ¿Quién eres?

Era lo primero que había querido decirle desde que bajé las escaleras. Era una pregunta que necesitaba respuesta ¿quién era la persona con la que había pasado toda mi vida? Ahora me resultaba una completa desconocida y no sabía nada sobre ella. Nunca le había preguntado sobre su pasado.

–Es complicado –hizo una pausa larga–. Poco después de que tu padre muriera naciste. Démeter no sabía que hacer contigo. Ella no podía criarte en el Olimpo, nadie lo habría permitido. Los hijos de un dios son importantes para el y aunque no pueden estar contigo siempre te tienen vigilado, de una manera u otra, a todos sus hijos.

>>Podría haberte dejado en un orfanato, pero ella necesitaba que cumplieses algo importante, y quería asegurarse de ello. De que cumplieras el destino de las Moiras. Así que acudió a mí.

Se me juntaron muchos pensamientos al mismo tiempo: ¿Moiras? ¿Por qué una diosa necesitaba que cumpliera un destino? ¿Por qué confiaron en mi madre? ¿Y quién era ella? Pero siguió hablando, despacio y haciendo muchas pausas, asegurándose de que lo comprendía.

–Yo trabajaba en el museo de Ciencias Naturales de Central Park. Me dijo que debía asegurarme de que librases la batalla. De que fueras al campamento en el momento adecuado. Y que conocieses a Will, porque él tiene la otra parte de la profecía. Y que te ocultase de los males. En su momento no lo entendí, pero creo que ahora ya lo entiendo.

Más preguntas y Will volvía a aparecer. Me tomé un tiempo para asimilar la información y organizar mis pensamientos.

–¿Por qué debo librar una batalla?

–Eso es aún más complicado. Cuando piensas en dioses piensas que son poderosos e indestructibles, pero no es así, ni mucho menos. Pueden valerse por sí solos, pero ahora es diferente. Ahora el mundo ya no cree en ellos. Necesitan un apoyo. Necesitan al los semidioses. Alguien que les ayude. Y les costó entenderlo, que ya no eran el centro del mundo y que necesitaban a los semidioses para librar algunas batallas. Y ocurrió hace muy, muy poco.

>>No puedo saber lo que ocurrirá en un futuro, pero los dioses no se suelen equivocar, y te van a necesitar. Al igual que tú necesitarás a Will.

–Moiras... profecía... males... No lo entiendo.

–Es normal que no lo entiendas. A todos los hijos de los semidioses les persiguen monstruos y les atacan. He intentado que no se dieran cuenta de que hay una mestiza en Irlanda, al igual que lo intenté en Nueva York, pero cuando ocurrió eso supe que si no era el gobierno, serían los monstruos los que te perseguirían

–Pero de allí nunca vino nadie a buscarnos. Ni se vio en las noticias...

–Gracias a tus hermanos. Ellos lo ocultaron todo. Esconderte de los monstruos no fue tan fácil, a ellos no les afecta la niebla. Per conseguí que ninguno te encontrase.

Me quedé pensando un rato. No era fácil asimilarlo todo de golpe, pero intentaba hacer un esfuerzo. Aún seguía sin saber nada sobre el campamento, qué era la niebla, quién era realmente Will, qué eran las Mioras, no entendía lo de la profecía y no me quedaba claro quién era mi madre y por qué Deméter confió en ella.

–Mmm... ¿qué puedes decirme sobre la profecía? ¿Cómo sé cuál es?

–Los oráculos suelen ser los que tienen las profecías, pero nada impide que los semidioses no tengan profecías o visiones a través de los sueños. Suelen tener sueños raros. Algo que te avisa sobre algo futuro...

–Mamá, la voz del sueño.... creo que era la profecía. Pero... nunca antes he tenido sueños raros. Ni otras profecías...

–Eso es porque ya está empezando. Está llegando la hora en la que ya no podré protegerte de los monstruos, ni mantenerte alejada del campamento, necesitas aprender a defenderte sola.

Un escalofrío recorrió mi espalda. Debía irme. Mi madre había estado haciendo estos años mucho más de lo que me imaginé. Pensaba que ahora vivía tranquila, que no debería volver a salvarme, pero la dura realidad es que la di mucho más trabajo del que pensaba. Ahora si no aprendo a defenderme sola, podrían hacerle daño a ella también. Y eso no lo podía permitir.

–¿Cómo era la profecía?

Hice un esfuerzo por recordar las palabras exactas, pero salieron solas.

–Aquellos que veces huyen de nosotros, aquellos que derrotan a los legítimos líderes de la Tierra, sufrirán por siempre, allí donde vallan serán seguidos. La tormenta no ha comenzado, pero nadie se espera que nosotros demos el siguiente paso. Es una advertencia aléjate y vivirás.

Mi madre se quedó pensando un rato con expresión más seria que antes. Al ver que no decía nada empecé a pensar. Tormenta.... no, definitivamente no debía de ser una tormenta como tal. Seguramente algo que tuviese relación con lo de sufrir. Lo que tenía menos claro era dar caras a "los que huyen de nosotros" y "los legítimos líderes". ¿Legítimos líderes? ¿Será algún gobierno? No, ahora que sé que la magia y los dioses existen, creo que esa opción queda descartada.

–No creo que sea una profecía. Es lo que ha dicho, una advertencia. Puede que no la hayas tenido aún, o que sea más complicado de lo que crees.

–¿Entonces debo alejarme? ¿De qué?

–No, no Alyssa. Esto es un poco más complicado... nunca debes abandonar a los semidioses, nunca debes fiarte de los que te digan eso, ya sean Gigantes, Titanes o monstruos. Ninguno va a perdonarte la vida. No te fíes de ellos. Quédate con el resto de semidioses. Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora.

Sus palabras me dejaron helada. ¿Iba a morir? ¿Titanes y gigantes? Ahora tenía miedo de ir a donde fuese que debía ir. Sin embargo, las palabras de mi madre se me quedaron grabadas en mi cabeza más profundo de lo que creí: "Es mejor morir luchando que morir siendo una traidora".

Pero necesitaba respuestas: sobre mi madre, la niebla, las Moiras, Will, el campamento, mi madre. Ella sabía demasiado, demasiado sobre esto. Tenía que preguntarle por qué.

–¿Por qué sa...?

En ese momento la puerta se abrió. La luz del sol poniéndose no me dejaba ver qué o quién era lo que había delante de la puerta.

–Alyssa, ha llegado la hora de marcharse. Espero que tengas hechas las maletas.

* * *

Ánimo a todas mis compañeras de cabaña. Gracias a Gleinsmar y a Laura por inspirar esta historia y por estar ahí. ¡Ánimo Deméter!