miércoles, 12 de noviembre de 2014

#1 Alyssa

  Me gusta sentarme aquí. Mirar el horizonte. Imaginar que vuelvo a estar allí, aunque el recuerdo es lejano. El mar debajo y mis piernas colgando, podría caerme, pero eso no me importa. Sé que estar allí me tranquiliza, como si el mundo se paralizase aunque para mí es así: cuando estoy allí el tiempo no pasa. Estar sola es algo que agradezco. Ir a la costa, sentarme en un acantilado y pasar las horas mirando el horizonte y soñando. Soñando cosas imposibles pero que deseo.


  El sol ya se empezaba a poner. Me levanté con cuidado y volví hasta donde había dejado la bicicleta. Los acantilados estaban alejados de la ciudad así que llegaría tarde. Pero todo eso merecía la pena.

  Siempre me había gustado Irlanda, incluso antes de vivir aquí. Cuando pensaba en ella siempre me venía a la cabeza la imagen de los acantilados cubiertos de hierba bajo el sol. Y por algún motivo relacionaba esa imagen con héroes griegos y sus dioses. Es inevitable estar en esos acantilados y no pensar en otro tiempo. Muy lejos de la desastrosa imagen que seguía grabada en su cabeza: escombros. Era la última cosa que quería ver, y allí... allí todo era diferente: la hierba verde cubriendo los acantilados y el mar. Era parte de la naturaleza, algo que la aterraba y que amaba al mismo tiempo. Amaba la naturaleza porque era todo lo contrario a lo que intentaba olvidar pero me aterraba porque sé que con ella puedo hacer cosas horribles.

  Cuando llegué a casa ya era noche cerrada. Mi madre había cenado y como siempre estaba sentada leyendo. Desde el día del accidente mi madre se había vuelto más fría. Trabajaba casi todo el día fuera de casa y, como yo volvía tarde no nos veíamos mucho. Dejó el libro a un lado y vino a saludarme.

  – ¿Qué tal el día?

  – Como siempre, bien. –Aunque eso siempre ocultaba la verdad. No quería compartirla con ella. No quería meterla en más problemas.

 Subí a mi habitación y me quedé allí. Pensando en que otro día más había pasado, otro día menos de tiempo para decidir qué hacer con mi vida.

* * *

  No me gusta el instituto. Por muchas razones. Para muchas personas ir al instituto es aburrido, a mí, simplemente, no me da tiempo a pensar eso. Tengo muchas cosas de las que ocuparme y los estudios son algo que hace mucho tiempo decidí dejar de lado y que, tristemente sé, que no podré recuperarlos. Llegar al instituto una mañana cualquiera suponía estar otra vez ante las miradas de todos y ser otra vez víctima de sus burlas aunque no sé por qué. No he hecho nada diferente. Un día alguien aprovechó para hacer una broma a costa de mí porque tengo déficit de atención y desde ese día la rueda no para: bromas, insultos... cosas que me hacen sentir mal. Pero no puedo hacer nada al respecto. Si me enfado algo de lo que yo llamo poderes se desatará y no quiero que me descubran. Si saco mi rabia, tristeza, felicidad. Tengo que controlarme.

  Llegué a clase y me senté. Procuré no llamar la atención, pero acto seguido ya estaba rodeada de toda esa gente. Intenté no escuchar lo que me decían pero cuando necesito no prestar atención es como si mi déficit se hubiese perdido. Y ya estaba siendo el hazme reír de la clase; sobre mí cayeron todo tipo de insultos. Y me deprimí. Caí a ese profundo abismo al que iba cada vez que estaba triste. Y sin poder evitarlo algo ocurrió. Una maceta de las de clase estalló. Todos se sorprendieron y  asustaron. Ya sabía cuál iba a ser su próxima burla. Y a sí fue. Ahora era "maceta". Otra razón más para odiar mi vida. 

  La clase comenzó y yo no prestaba atención. Estaba demasiado preocupada por lo que acababa de ocurrir. 

  –Señorita Kyven. ¿Qué es lo que me dices sus compañeros de que usted ha sido la causante de este destrozo? 

  Por un momento temí que supieran lo de mis "poderes". Pero supe que me habían cargado con la culpa. Aunque para ellos nadie había sido y les daba igual cómo hubiese ocurrido. solo era otra manera de hacerme la vida imposible.

  –No lo sé. 

  –Bueno pues ya tenemos voluntaria para quedarse después a limpiarlo. –risas.

  A todos los profesores les daba igual. El hecho de tener déficit de atención me hacía tonta a sus ojos. No me ayudaban. Era un fantasma... excepto cuando ocurrían cosas malas: yo siempre era la culpable. Resulta más fácil culpar a un "tonto".

  Seguí en mis pensamientos. Cuanto antes pasase el día mejor. Aún así era imposible.

  –Señorita Kyven, ¿podría decirme algo sobre la explicación? Cualquier cosa.

  –Pues... los átomos... –era muy frecuente que me hiciesen preguntas durante la clase. Siempre a mí. Es cómo si quisieran pillarme.

  –Bueno, ¿y supongo que tendrá sus deberes?

  –No... pero...

  –Siempre hay alguna excusa. Siga perdida en su pequeño mundo de la ignorancia. –Más risas.

Me acababa de hundir. Explotó otra maceta. Tuve miedo de que atasen cabos y me descubriesen. 

–Señorita Kyven –se notaba que estaba enfadado– no me obligue a ponerle otra expulsión. Me da igual cómo ha hecho ese truco, pero cómo se vuelva a repetir no tendré otro remedio que llamar a su casa.

  Con un suspiro intenté concentrarme en lo que decía. No entendía nada. Los números se retorcían en la pizarra y sabía que había perdido otra clase. Miré por la ventana. Otro día de clase más. 

  Al principio era una mancha dorada. Luego se fue agrandando y supe que no saldría nada bueno de allí. Cuando estaba a menos de cien metros distinguí a una persona, o lo que me pareció una persona vestida don ropas doradas. Esa "persona" siguió acercándose hasta que quedó a unos pocos centímetros del cristal. Definitivamente era una persona, pero no tenía muy claro que fuese humano porque volaba. Creí que estaba delirando. Entonces quien quiera que fuese empezó a hacerme señas para que saliera. 

  –Parece que hubiese visto un fantasma –ya estaban todas las miradas clavadas otra vez en mí.
  –No veis el... en la ventana...

  –¿Ver el qué? –una carcajada sonó en toda la clase.

  –El chico... en la ventana... –miré otra vez la ventana, pero no había nadie. Volvieron a reírse.

  –Parece que ahora tiene déficit de inteligencia –soltó alguien. Se reían continuamente de mí.

  Resignada volví al cuaderno. Dejaron de hacerme caso. La clase acabó y todos se reunieron al fondo de la clase. Yo me acerqué a la ventana aunque sabía que también volverían a reírse de mí. Abrí la ventana y el chico de dorado estaba abajo, sentado en el bordillo. Me extresé. Temí hacer otra cosa. Salí al baño que, por suerte estaba vacío. Cerré la puerta y me resbale por ella. Empecé a llorar. Era horrible todo lo que me pasaba. "Mi vida es un asco" La clase siguiente debía de haber empezado pero me daba igual. Entonces salió una chica. Se rió y salió fuera, seguramente a decirles a las demás que estaba en el baño llorando y venir a reírse en mi cara. Alguien hacía presión sobre la puerta. no quería que entrara, pero al final entró. Me sorprendí mucho al ver entrar al chico de dorado.

  –Hola Alyssa. Soy Will.

  –¿Por qué me has dejado en ridículo? ¿Por qué desapareciste? -estaba desesperada.

  –No desaparecí. Pero la Niebla es invisible para los ojos de los humanos y yo también.

  –¿Por qué puedo verte? –Me temblaba la voz.

  –Porque tú no eres humana...

  –Sí, claro soy una extraterrestre –dije enjugándome los ojos y quitándome las lágrimas de la cara con la maga– ja-ja. No estoy para bromas.

  Dije eso y me marché. Al principio pensé que era una broma pesada. Pero comprendí que nadie vendría volando para hablar conmigo y... ¿sabía mi nombre? No había pensado el ello, pero ahora me parecía extraño. 

  Entré en clase. Nada más entrar ya me caía una bronca encima. Pero yo estaba enfadada. Sabía que acabaría llegando esta día. El día en que lo soltase todo.

  –... y no puedes seguir así, porque ...

  –¡No! –grité– No. Nadie de aquí me entiende. Solo os reís de mí porque sí. Mi padre murió y mi madre no está mucho con migo y vengo aquí todos los días y todos los día me humillaís, me... me... no lo aguanto más –decía cosas que llevaban guardadas mucho tiempo, que necesitaba decir– tengo problemas y no hacéis nada. Me... me voy no os quiero volver a ver. Decid lo que queráis, a mí no me volvéis a pillar.

  Estallaron los cristales de las ventanas. Otra maceta. Cogí mis cosas y me fui tan rápido que ni me dio tiempo a pensar lo que hacía. Cogí mi bicicleta y me marché a los acantilados. Allí me derrumbé "Qué he hecho" "Qué he hecho" Ahora sabía que todo eso llegaría hasta mi madre. Que me vería con peores ojos. "Qué voy a hacer mañana. Seguro que ya saben lo que puedo hacer. Esta vez no me salvo, pero no huiré, esta vez soy mayor; seré yo la que me enfrete a ello... al menos, ya se dónde está mi futuro" pensé. Me quedé un tiempo allí oyendo el ruido del mar, tranquilizándome.  Luego volví a casa.

  Subí a mi habitación y me quedé con la mirada perdida. No quería decir nada. Subió mi madre.

  –Ha llegado algo...–Me incorporé.

  –Es del instituto, ¿verdad? –me temblaba la voz.

  –No... es... es... algo diferente. Cariño, te tienes que ir.

  –Mamá, mamá... no no voy a volver a huir por eso. Lo que ha pasado hoy ya lo arreglaré yo. No quiero que sigas protegiéndome. No quiero causarte más daños.

  Parecía que mi madre no sabía de lo que estaba hablando. Entonces... ¿por qué decía eso?

  –¿Por qué nos tenemos que ir?

  –Yo no me voy. Te vas tú –me impactaron sus palabras.

  –No me podría ir sin ti. Tú, tú eres mi madre...

  Se frotó las manos, llenas de cicatrices desde aquel día. Miró al suelo y su mirada se perdió.

  –Cariño, no soy tu madre... –dijo con un susurro.

8 comentarios:

  1. Me dolió, entre demasiado en la historia y me dolió todo aquello que a Alyssa le paso :C Sigue escribiendo, quiero llegar a la parte en la que todo mejora para ella
    Excelente el relato, por cierto.
    Un beso!

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    1. Yo creo que nuestra cabaña sabía que no iba a ser su madre (por lo de ser hija de Démeter), pero la verdad es que sí que es triste su historia y aún le quedan muchas otras dificultades por las que pasar. De todos modos lo que le ocurre a Alyssa en e instituto es una pequeña dramatización (sin poderes) de algo que en mi institto ocurre y que deseo que se acabe.

      Me alegra que te gustase.

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  2. ¿¿QUÉ?? Valeee no entiendo nada. Espero que no tardes mucho más en actualizar, por que no sé quién es Will, no sé qué son las Nieblas, no sé qué preocupa a su madre y... ah no, espera, ¡que no es su madre!
    Demasiadas dudas, necesito seguir leyendo >.<
    Un beso!!

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    1. Jejejejejeje. Sí creo que eso también han pensado unos compañeros de clase cuando lo leyeron. Ahora creen que debería hacerme escritora.
      Pues ahora creo que voy a tardar un poco más en subir otro capítulo pero.... espero no tardar mucho.

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  3. No había caido hasta el final que claro, es hija de Démeter, no puede ser su hija...
    Tiene que ser un fastidio muy grande, la verdad.
    Por otro lado, una cosa, "conmigo" va junto, que te lo he visto separado.
    Y lo de los profesores me ha dolido. Pobre, a veces se necesita un poco de aceptación nada más...
    ¡Un besín!

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    1. Gracias por pasarte. Sí, es hija de Démeter, aunque esa parte de la historia es un poco complicada. No me había dado cuenta de la falta de ortografía, ahora la corrijo.

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  4. Hola!
    Ay, qué historia más triste. D:
    Ojalá le vaya mejor a partir de ahora.
    Besos!

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    1. Todo puede mejorar ya sabemos dónde acabará. <3 CAMPAMENTO MESTIZO

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